Pablo Bustinduy

Ejes de la democracia

In FILOSOFÍA, POLÍTICA on febrero 11, 2014 at 2:59 am

diakron-sinkron

“Y aquel príncipe que se ha apoyado sólo sobre sus palabras, encontrándose desnudo de otras preparaciones, fracasa”.

Niccoló Macchiavelli, Il Principe

1. Hay dos ejes fundamentales que sirven hoy de orientación a la política antagonista: el eje arriba/abajo (que reordena la cuestión del sujeto y apunta a los lugares de la emancipación) y el eje vertical/horizontal (que reordena el “cómo” de la política y apunta a la manera de habitar esos lugares). Estos dos ejes fueron la espina dorsal del 15M, cuyo famoso programa de “mínimos” podría resumirse a posteriori en una doble exigencia: desmontar la escena de la representación política moderna (“no nos representan”) y dar lugar a un proceso radical de democratización política, económica y social (“lo llaman democracia y no lo es”). ¿Pero cómo recorrer el camino entre esos dos polos? ¿Cómo generar formas de institucionalidad que sean tan diferentes del orden existente como capaces de hacerle frente y ocupar su lugar? ¿Qué política requiere esa transición de la representación a la democracia?

Nosotros y el temblor: notas sobre Podemos, la izquierda y el acontecimiento

In FILOSOFÍA, POLÍTICA on febrero 3, 2014 at 12:50 am
Manifestación antifascista en Nueva York

Manifestación antifascista en Nueva York

Es un problema que conocemos bien en política: la negación, doctrinalmente plegada sobre sí, nunca es portadora por sí sola de la afirmación. 

Alain Badiou, Éloge du théâtre

En un artículo reciente, Fernando Guerrero esbozó algunos puntos para una crítica de la coyuntura política actual. Lo que sigue son unas notas breves que pretenden alimentar la conversación.

Podemos: la lógica del desborde

In POLÍTICA on enero 22, 2014 at 9:17 am

 Gastone Novelli

El castigo es ser gobernado por alguien peor que uno mismo

Platón, La República

El 20 de mayo de 2011, Julio Anguita publicó un artículo que llevaba por título “Son los nuestros”. El sujeto de esa oración eran los manifestantes que desde hacía cinco días ocupaban las plazas de medio país, y el presumible receptor de su mensaje, un tipo ideal de militante de izquierdas que asistía al mayor estallido político de la historia reciente del país con una mezcla de curiosidad, escepticismo y desorientación. Ese escepticismo se nutría de la incertidumbre ideológica que rodeaba el proceso: una vaga querencia antipolítica, ese “ni de izquierdas ni de derechas” que asomaba instintivamente en las asambleas y que a más de uno le ponía con razón los pelos de punta.